23.4.12

Malos tratos. Intervencion con agresores y victimas

El trabajo desde un Plan de Intervención en malos tratos a mujeres, además del trabajo de recuperación física y psicológica de la víctima, también contemplamos la posibilidad de trabajar con los agresores. Nos planteamos una intervención en el ámbito familiar, centrándonos en los programas de Educación Familiar, en los de apoyo psicológico que llevan a cabo l@s educador@s familiares y l@s psicólog@s respectivamente, preferiblemente trabajando con la familia en el propio entorno familiar.

En el trabajo con agresores, se presentan situaciones que dificultan la actuación profesional. Encontramos que, generalmente, no aceptan ayuda externa, son personas que tienden a aislarse y a aislar a su pareja y familia, por lo que cualquier intervención y ayuda la viven de forma amenazadora, máxime cuando esa intervención va dirigida a modificar su conducta. Raramente los agresores se autoinculpan, pues consideran su conducta aceptable o cuando menos la única salida que encuentran a sus dificultades, ya sea en su relación de pareja, en su trabajo, en su entorno, siempre justificando sus actuaciones, poniendo en el origen de los malos tratos a otra persona o circunstancias ajenas a ellos mismos.

No debemos olvidar, que la rehabilitación de los agresores, no implica necesariamente que la víctima tenga que permanecer a su lado, y mucho menos si su vida corre algún riesgo, como tampoco supone que se puedan librar de cumplir con la justicia, pues los malos tratos constituyen un hecho delictivo que debe ser denunciado y sometido a un juicio, cumpliendo la pena correspondiente. Pero a pesar de todo, nosotr@s como educador@s, psicólog@s y trabajador@s sociales, apostamos por la reinserción de esa persona, generalmente carente de ciertas habilidades que le llevan a comportarse de forma inadecuada, aunque no las justificamos; reinserción y reeducación, que abarca todos los ámbitos en los que una persona se desenvuelve: personal, familiar, laboral, social, etc. En el caso de los agresores a mujeres que tengan hij@s, est@s también suelen ser víctimas de las agresiones de su progenitor, por eso, se pretende que los padres agresores recuperen su relación con sus hij@s en la medida de lo posible.

No nos olvidemos tampoco de las víctimas, quienes también requieren de nuestra intervención, proporcionándoles apoyo psicológico y emocional, acompañamiento en todo el proceso de denuncia y separación, si así lo consideramos necesario. Por eso, una vez más se precisa la colaboración y coordinación entre l@s diferentes profesionales que están implicados en la intervención ante malos tratos. Al mismo tiempo, las víctimas necesitan entrenarse en ciertas habilidades interpersonales, ya que al carecer de ellas, es más probable que no se sepa reaccionar de forma adecuada ante la agresividad de su pareja, fomentando aún más su poder en la relación, llevándole a pensar que realmente la violencia es la solución a los problemas cotidianos.

Nos encontramos situaciones en las que las víctimas bajo ningún concepto quieren abandonar a sus parejas, por lo que nos vemos en la obligación de intentar recuperar esa relación de pareja por medio de una intervención, pero sin olvidar, que nuestra obligación como profesionales, desde el ámbito que a cada cual corresponda, es no quedarnos impasibles ante los malos tratos, sino que denunciar aquellas situaciones de las que tengamos sospechas, aunque obviamente, es la mujer la que opta por denunciarle y/o abandonarle.

En la intervención con maltratadores, en primer lugar, tenemos que hacer un análisis de la realidad de cada caso particular para comprobar las posibilidades de recuperación que tiene el agresor, la disponibilidad para recibir ayuda, la existencia de otras problemáticas que puedan dificultar la intervención (problemas de toxicomanías, trastornos de personalidad graves, otros trastornos psicopatológicos...), la gravedad de las agresiones, el tiempo que se llevan produciendo, las víctimas, etc., son factores a tener en cuenta para determinar las garantías de éxito que puede tener la intervención.

Nos planteamos la posibilidad de realizar una intervención desde la terapia cognitivo-conductual. En esta terapia se abordarán los aspectos psicopatológicos que estén más deteriorados en los agresores: ira descontrolada, celos patológicos, abuso de alcohol, déficits en la resolución de problemas, falta de habilidades sociales, déficits de autoestima e ideas distorsionadas sobre los roles sexuales, parentales y sobre la violencia como forma de resolución de problemas. Fundamentalmente, hemos concretado las intervenciones en tres bloques: habilidades de comunicación, expresión de sentimientos y afectos, escucha, empatía...; habilidades de resolución de conflictos, de negociación, de búsqueda de alternativas...; y por último, el comportamiento asertivo para no incurrir en la agresividad como solución a los problemas cotidianos, donde se trabajaría el autocontrol, la impulsividad, la ira...

El principal objetivo de la intervención con el agresor es reducir las posibilidades de que esa persona vuelva a reincidir en su conducta agresiva y maltratadora hacia su pareja,  hacia sus hij@s o hacia cualquier otra persona. Si solamente trabajásemos con la víctima lo que estamos haciendo es atacar las consecuencias de los malos tratos, pero no prevenimos que esa situación se vuelva a repetir. Tan importante es la intervención con los agresores para prevenir recaídas en su conducta como realizar un seguimiento de los casos en los que hemos intervenido, con el objetivo de promover los cambios que consideremos necesarios en el comportamiento del agresor y ayudarle a buscar soluciones a sus problemas que sean alternativas a la violencia.

Normalmente, las habilidades que vamos a trabajar están bastante deterioradas en la relación de pareja, tanto por parte el agresor como de la víctima, por eso consideramos que deben entrenarse en ambos miembros de la pareja por separado, o hacerlo de forma conjunta si trabajamos con ambos. Son parejas que generalmente no se escuchan, en lugar de prestar atención a lo que la otra persona está diciendo, hacen sus propias presunciones y conjeturas, distorsionando la realidad. Al enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana, suelen perder fácilmente la paciencia, pues son personas poco tolerantes al estrés y a la frustración, no son capaces de analizar la realidad de forma objetiva, descargan su ira hacia las personas más vulnerables del sistema familiar, estableciendo una relación de poder basada en discusiones, gritos, amenazas, violencia física y/o psicológica, que se repiten una y otra vez en un ciclo de violencia cada vez más peligroso, frecuente e intenso, que va mermando la capacidad de los miembros de la pareja o familia de buscar alternativas a su comportamiento que sean más asertivas y menos agresivas.




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